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en respuesta a: La historia de Rogruk Rompedientes #341242
Rogruk se aferraba con ansia a su catalejo de latón mientras oteaba el horizonte desde el puesto de artillería. Ahí estaban esos desgraciados piratas. Esperaba mandarlos a todos al infierno.
-¡Dispara al barco, grumete! – gritó desde el puente de mando la capitana Aplexius.
El mercenario había conseguido enrolarse en su tripulación como artillero, con la premisa de vengarse de aquellos piratas. Rogruk apuntó y encendió con su antorcha la mecha del cañón pesado del barco, produciendo un estruendo enorme.
-¡Buen disparo! – aulló Aplexius. – ¡Espera a que se recarguen los cañones!
Rogruk oteó de nuevo y cargó un nuevo obús. Por más que buscaba aquella bandera no la encontraba. Todas las banderas piratas eran muy parecidas, pero ninguna igual. Símbolos marinos, tibias cruzadas, sables de abordaje… Unas calaveras de frente, otras de perfil, casi siempre de fondo negro… Pero no podía olvidar aquella: un timón de barco blanco sobre fondo negro. Y de pronto, lo vio.
-¡Tríada de barcos pirata a estribor, mi capitana! – aulló con todas sus fuerzas. Uno de ellos ostentaba el pabellón que tanto ansiaba el semiorco.
No podía ver a la halfling, pero escuchaba claramente todas sus órdenes. Con un fuerte estruendo, disparó otra vez y el impacto fue tan certero que hundió el ya dañado barco enemigo. Rogruk sonreía de placer.
-¡Preparaos para impacto!
Escuchó a su capitana demasiado tarde y recibió el impacto cercano de una potencia que le hizo tambalearse y caer al suelo, teniendo cuidado de mantener la antorcha encendida y lejos de las partes inflamables del puesto de artillería. Maldijo entre dientes y se levantó rápidamente para volver a disparar a esos malnacidos piratas.
Tras varios minutos de encarnizada lucha marina, su frente estaba empapada de sudor, pero Rogruk tuvo un respiro para dejarse caer al suelo de cubierta. Las astillas poblaban el mar como algunas algas lo hacen, y algún marinero de la tripulación pirata nadaba desesperadamente a ningún sitio. Había cumplido su venganza. Subió a cubierta con Aplexius, temblando de emoción.
-Volvemos a puerto, tenemos poca munición.
Rogruk asintió sin decir palabra, mientras se rascaba el culo. De pronto la vio, flotando entre las aguas. Ante la mirada atónita de todos sacó la caña de pescar rápido como una anguila y la lanzó al agua.
- Está sin cebo- reían los marineros, – grumete Rogruk, deja de perder el tiempo como una vulgar rata de agua dulce.
Pero Rogruk Rompedientes ignoró por completo lo que decían, concentrado en su tarea. Al poco rato sonrió satisfecho montrando su captura.
Era una bandera negra con un gran timón en medio. La primera de su colección.
en respuesta a: Creación de contenido #341173Lo hice, pero no he recibido respuesta
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