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en respuesta a: La historia de Rogruk Rompedientes #343726
Rogruk Rompedientes se sentó en la silla del despacho de la Guardia Nivrim y extrajo un sobre de su maloliente mochila. Volteó el envoltorio y vio que llevaba firma y sello del Banco de Anduar. Miró el reloj de soslayo, la hora marcaba su descanso. “Bueno – pensó el semiorco – es hora de echar cuentas”.
La mayoría del extracto bancario cuadraba, pero no entero. O al menos no le cuadraba a Rogruk, que era despistado y malo para los números. Todavía le costaba la diferenciación y el cálculo de moneda. En la partida de ingresos figuraban muchas líneas con los conceptos Azarov, Kenhualdo y Raztge, mientras que la mayoría de partidas de gastos comenzaban por “lundar”.
El semiorco suspiró. Había derrochado una pequeña gran fortuna en aquellas embarcaciones. Y sin embargo le gustaban y se sentía cómo con ellas gracias a su herencia racial. Le encantaba aferrarse a aquellos timones de cráneos para surcar los mares de Eirea. Pero si echaba un vistazo a las cuentas, económicamente todo eran pérdidas. Sea reparando o en barcos hundidos, Rogruk había perdido ya media docena de lundars.
El Milano Centenario, el Tiburón Errante, el Pesadilla del Ahogado, el Sirena Varada, el Terror Nocturno… por mencionar unos pocos. Había sido víctima muchas veces de su propia ineptitud como marinero. Sin embargo, ya no era un novato. Las tornas habían cambiado. Había sido víctima de piratas, incluyendo las del Capitán Tan. No pudo evitar mascullar “¡¡Algún día me vengaré de ese malnacido!!”.
También contempló los gastos de equipo. También había pagado pequeñas fortunas (desde su perspectiva económica) para equiparse. Botas de mithril, espinilleras de legionario, brazales yuan-ti… Había decidido que su próxima adquisición sería una cota de mallas de mithril encantada, que le vendían por 4000 platinos. Aún le faltaba un porcentaje alto que ahorrar.
Y no había sumado los gastos de entrenamiento. Si no fuera por ayudas de su semihermano, estaría sumido en la más total bancarrota. Pero eso era antes, cuando todavía era un novel en los Reinos de Leyenda. Recogió con parsimonia el extracto y lo guardó en un cajón que servía como taquilla en aquella sala común. Se limpió el sudor de su frente (siempre pasaba mal trago cuando tenía que hacer números) y se incorporó, para realizar otra patrulla. Había que ganarse el pan, y el sueldo de la Guardia era fundamental para ello. Sonrío antes de enfrentarse otra vez a las calles de Anduar. Algo había cambiado. Ya no era un novato.
en respuesta a: Hilo sobre el evento «Expedición a Y502» #343711Propuesta: el jinete debe no campear en la sala del portal, ya que bloquea la mazmorra al completo. Propongo que sí hace una kill en esa sala se mueva hacia otra sala diferente o continúe patrullando la mazmorra!
en respuesta a: La historia de Rogruk Rompedientes #343674Rogruk se encontraba en Anduar, realizando tareas de guardia. Concretamente en el banco, realizando aburridas (y monótonas) guardias. El día no prometía mucho hasta que fue contactado por Oob.
Oob de Mor Groddûr era conocido por Anduar y alrededores como un gran guerrero, muy sigiloso y terriblemente peligroso. Sin embargo respetaba a Anduar y a sus gentes, y la guardia de Anduar le respetaba a él. Se encontraba allí por negocios. Rogruk miró al goblin y la mercancía que tenía. Era cara, pero sin duda merecía la pena. O al menos era cara para Rogruk, quien con su sueldo tampoco tenía demasiados platinos en las arcas bancarias…
Descubrió que aquel temido goblin en realidad era bastante agradable. o al menos eso le pareció. El semiorco se encontraba bastante a gusto con aquellos miembros de la Horda Negra, quizá por su herencia de sangre. Y a este pequeño guerrero, su reputación le precedía.
Intercambió unas pequeñas palabras con él y el semiorco descubrió que Oob había venido a vender. Rogruk miró su equipo de soslayo, estaba quizá anticuado si Anduar entraba en guerra otra vez, como en eras pasadas. El equipo de Oob, aunque pequeño, denostaba una gran calidad y el semiorco no dudó en comprárselo.
Cuando el goblin se marchó y su turno concluyó, le faltó tiempo al semiorco para buscar un herrero que le agrandara aquellas piezas de su armadura