La conjunción de los planos – III
La imponente figura se irguió plenamente satisfecha. A sus pies yacía el cadáver inexpresivo de aquella a la que había salvado entregándole la bendición de su señor. El apóstol dedicó un minuto de silencio para honrar la ascensión de la noble criatura que, contra todo pronóstico, había llegado a su mundo.
En ese tiempo de meditación, la figura se paró a escuchar el ululante viento furibundo de su plano natal que bombardeaba con partículas de ceniza y hojas podridas la oscura armadura ósea que recubría su cuerpo difunto. Era el único sonido que se escuchaba: su mundo estaba en paz, gozaba […]