Las crías descarriados, las medio-bestias de Ralder
La luz plateada de la luna blanca bañaba la roca del nacimiento. En breves momentos la luna verde aparecería de entre las nubes y su fiero resplandor ocultaría la palidez de aquella quién los hombres-lagarto consideraban su esposa. Era el momento de la elección, del nacimiento; de elegir aquello que tiene oportunidad de traer nuevos genes, nueva fuerza, nuevo poder al ejército de Ozomatli.
Los más puros prosperarían, aquellos que no diesen la talla serían arrojados a los tiburones. Así fue siempre; así será por siempre.
El escuálido y anciano chamán-consejero se metió en la boca una oronda rana morada, entera y […]