Dashuz, la sombra de los pantanos
La anciana chamán contemplaba con expectación los movimientos rítmicos de las mandíbulas de la cría, que solo se paraban para triturar algún hueso particularmente duro.
Mientras lo hacía, valoró de nuevo su físico: sus dientes eran fuertes y los músculos de la mandíbula se extendían por su cuello como cables de acero. Los chamanes-consejero habían hecho un buen trabajo con su ovada, había que reconocerlo, pero no estaba segura de si poseía las cualidades tácticas de un guerrero de su estirpe.
Tras varios minutos de ruidosa masticación, la chaman recogió un cuenco de madera y alzo su mano flácida.
– Esso sserá […]