Respuestas de foro creadas

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  • korog
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    Satyr, tú dirás. Yo todavía no he cerrado la tenporada de Takome para esperar al Absolutor, pero en septiembre puedo hacer algo (puede ser un Torneo de Anduar).

    Para noviembre quedo a tu disposición para montar lo que sea. No me cuesta mucho armar historias y eventillos de esos que no requieren implementación de nada, así que creo que es mejor que me digáis sobre qué queréis que lo haga y monto algo sobre el tema!

    Mientras tanto no me olvido de vosotros, Vhurkul y Whinski!

    korog
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    en respuesta a: Qorjva, la sangrienta #358999

    Tragarse la llave no sé, mejor dejar hacer esas cosas a los trolls. ¿Puede simplemente ser otra acción? Igual pondría algo más «de fantasmas» (la llave se resquebraja, se desvanece, se rompe en mil añicos o lo que sea). ¿El arco que lleva lo dropea o también se pierde?

    En breves cuando tenga tiempo de terminar de mirarlo os pongo el lore en el que estoy pensando, así como el texto de veragh descifrado.

    Por último, ¿cuál sería el reset?

    PD: ¿Por qué no poner una bolsa de joyas directamente? Sólo ocupa un slot y los jugadores la abren cuando quieran.

    • Esta respuesta fue modificada hace 6 days, 22 hours por korog.
    korog
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    No sé si es subjetivo pero con el aluvión de noticias se ha incrementado también el número de «returning players». Siendo sinceros y objetivos (creo) la falta de meta desanima a algunos jugadores, que cuando hay cambios vienen a probarlos. Con falta de meta me refiero a llegar a un nivel considerable, tener equipado al personaje y realizar repetitivamente lo mismo (p.ej. ronda de salamandras, ronda de NPCs, etc). Como percepción personal creo que suelen volver motivados después de un tiempo de desconexión (supongo que similar a la resaca que hablabas) pero tengo la sensación de que muchos se dejan caer en octubre por el evento.

    Por tanto yo suscribo que viendo los datos mayor número de noticias = mayor cantidad de returning players, aunque sólo sea a curiosear qué cosas hay nuevas.

    Por otro lado quizá deberíamos ser astutos y trabajar sobre estos datos. ¿Qué nos interesa que los returning players vuelvan? Sacamos noticias de balance  con impacto más significativo (puede ser un rework de clases, por ejemplo). ¿Nos interesa retener a aquellos jugadores más hastiados de la repetitividad? Pues es el momento de la saga y les damos metas. De marzo a junio son meses promedio pero pueden hacerse cosas más sostenidas (p. ejemplo más eventos de gestas y fomentar el pk de alguna manera).

    Dicho todo esto, en principio se vienen cambios ahora (una clase nueva y un boss arquera muy interesante de jugar porque tiene una base de comportamiento muy esquivo) y octubre lo dejaría para el evento, por no colapsar. ¿Quizá los piratas en noviembre o es muy precipitado? Puede ser a finales por si hay «resaca» del Spooktuber.

    Igual sería muy interesante que todo el equipo hiciéramos una reunión y planteásemos objetivos en los que estuviéramos todos coordinados y así vamos todos a una!

    korog
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    en respuesta a: Dos vecinos #358894

    La plaza de Takome volvía a estar llena. Había música, puestos abiertos hasta tarde y niños corriendo entre los tenderetes. Después de tantas semanas de tensión, la ciudad parecía haber recuperado por completo su alegría. Iren observaba la plaza desde la ventana mientras Sammor terminaba una copa.

    —Hay que reconocerlo —dijo Sammor—. Ha cambiado mucho.

    —Sí.

    —Para mejor.

    —Sí.

    Sammor sonrió.

    —¿Ves? A veces conseguimos estar de acuerdo.

    —No te acostumbres.

    Saren jugaba en el suelo con unas pequeñas figuras de madera.

    —¿Ya no vienen por la noche? —preguntó.

    Iren miró hacia la puerta.

    —Parece que no.

    —Entonces puedo dormir con la ventana abierta.

    —Eso tampoco.

    Saren hizo una mueca y siguió jugando. Sammor dejó la copa sobre la mesa.

    —Bueno. Lo de Aderic ha terminado.

    Iren levantó la mirada.

    —¿Absuelto?

    —De casi todo.

    —¿Y los demás cargos?

    —Menores. Nada que vaya a impedirle seguir en la Cruzada.

    Iren resopló.

    —Pues vaya sorpresa.

    —No te quejes. Gracias a él encontraron la red.

    —Sí.

    —Y gracias a eso estamos como estamos ahora.

    Iren miró hacia la plaza.

    —Eso también es verdad.

    Sammor se acomodó en la silla.

    —Pero lo verdaderamente nuevo son los Absolutores.

    Iren asintió.

    —Eso sí que no lo habíamos visto antes.

    —Confieso que todavía son una incógnita para mí —continuó Sammor— No son cruzados, aunque algunos hayan servido junto a ellos. Su función es juzgar los pecados cometidos contra la fe de Eralie y contra los principios que consideran propios de un buen ciudadano.

    —Y ahora tienen bastante autoridad.

    —Bastante es poco.

    Sammor se inclinó hacia delante.

    —Pueden investigar acusaciones, interrogar a sospechosos y presentar sus conclusiones ante otros Absolutores. Y, por lo que dicen, Rilder se ha reservado para sí los casos más delicados.

    Iren hizo una mueca.

    —Así que ahora tenemos jueces religiosos.

    —No exactamente.

    —¿Qué diferencia hay?

    —Que son jueces de Eralie.

    Iren lo miró.

    —Ah. Muchísimo más tranquilizador.

    Sammor soltó una carcajada.

    —No seas idiota.

    —Solo digo que es algo nuevo.

    —Sí. Nuevo.

    Los dos miraron hacia la calle.

    —¿Y cómo se decide qué es un pecado contra Eralie? —preguntó Iren.

    —Depende.

    —Eso no me tranquiliza.

    —Tampoco he dicho que tenga que tranquilizarte.

    —Pensaba que no tenían miedo.

    Sammor frunció el ceño.

    —No tengo miedo.

    —Claro.

    —Solo respeto su autoridad.

    —Por supuesto.

    Sammor señaló hacia la ventana.

    —Además, míralos. No están haciendo nada.

    Dos hombres vestidos con las ropas características de los Absolutores avanzaban por la plaza. Al igual que los cruzados, llevaban armaduras pesadas. Vestían túnicas claras y sobrias con símbolos religiosos, aunque portaban armas y caminaban con la seguridad de quienes sabían que nadie iba a detenerlos.

    Uno de ellos se detuvo para hablar con un comerciante. Iren bajó ligeramente la voz.

    —¿Ves? Eso es lo que me preocupa.

    —¿Qué?

    —Que parecen gente normal.

    Sammor soltó una risa.

    —¿Y qué quieres que parezcan?

    —No sé. Más… amenazadores.

    —Pues no lo son.

    —Ya.

    Los dos siguieron observándolos.

    —Dicen que los Absolutores no buscan solo criminales —continuó Sammor—. También se ocupan de aquellos que consideran que han cometido faltas graves contra la fe. Corrupción, blasfemia, abuso de la autoridad, traición a los principios de Eralie…

    —Eso último puede significar muchas cosas.

    —Sí.

    —¿Y quién decide dónde está el límite?

    Sammor se encogió de hombros.

    —Lord Rilder, principalmente.

    Iren permaneció callado. Saren levantó la cabeza.

    —¿Los Absolutores pueden llevarse a la gente?

    Sammor miró a Iren.

    —Si consideran que hay motivos, sí.

    —¿Como antes los cruzados?

    —No exactamente.

    Iren intervino:

    —Saren, no tienes que preocuparte por ellos.

    —¿Y tú?

    —Yo tampoco.

    Saren los miró con desconfianza infantil.

    —Mentís.

    Sammor soltó una carcajada.

    —Esta niña va a meternos en problemas.

    Iren sonrió.

    —Eso ya lo hace bastante bien.

    Saren volvió a jugar. Los dos hombres permanecieron un rato en silencio.

    —Rilder se ha convertido prácticamente en un héroe —dijo Sammor.

    —Sí.

    —Y ahora tiene a los Absolutores detrás.

    —Sí.

    —La reina ya no manda como antes.

    Iren asintió.

    —Después de pedir ayuda a nuestros aliados, perdió buena parte de su autoridad. Los takomitas nunca van a perdonarle que extranjeros, por muy aliados nuestros que fueran, interviniesen en asuntos internos. Ahora los asuntos de justicia pasan por Rilder.

    —Y parece que a la gente le gusta.

    Iren miró la plaza.

    —La ciudad está tranquila, y eso es lo que importa.

    —Supongo.

    Pasaron de nuevo los dos Absolutores. Sammor esperó a que estuvieran suficientemente lejos antes de que su respiración retomara el ritmo habitual. Desde fuera llegó el sonido de una campana y, después, las voces alegres de los comerciantes. Takome volvía a ser una ciudad próspera. Una ciudad segura. Una ciudad en paz. Y, naturalmente, ninguno de los dos vecinos tenía el menor miedo a los hombres que ahora se encargaban de decidir qué era pecado y qué merecía castigo.

    korog
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    Diría que faltan las grebas del Gólem de Piedra y el Pergamino de la Cruzada de Eralie. Y seguro que alguno más habrá por ahí…

    korog
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    Ya que comentas el tema, parece que el beneficio de gesta pasiva de pertrechos prodigiosos, el que no se rompe el equipo al morir en npcs parece que no funciona bien ultimamente

     

    Efectivamente esto se cambió hace ya bastante tiempo, en un paquete de medidas que fueron anunciadas en una noticia (creo recordar que fue así)

    korog
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    en respuesta a: Dos vecinos #358608

    La lluvia había desaparecido de Takome. Era extraño. Durante semanas, el sonido de las gotas había servido como refugio contra algo peor: botas, gritos, golpes en puertas. Ahora la ciudad estaba en silencio de otra manera. No un silencio de miedo inmediato, sino de agotamiento. Iren cerró la ventana después de asegurarse de que no había nadie demasiado cerca. Seguía haciéndolo, la costumbre del miedo tardaba en irse. Sammor estaba sentado junto a la mesa, removiendo distraídamente una taza ya fría.

    —Es raro —dijo al fin.

    —¿Qué cosa?

    —No escuchar redadas.

    Iren tardó unos segundos en responder.

    —Sí.

    Saren estaba en el suelo, esta vez jugando con pequeñas figuras hechas de madera. Una tenía una rama atada como si fuera una espada.

    —¿Ya no hay malos? —preguntó sin levantar la vista.

    Ninguno respondió enseguida.

    —Eso dicen —contestó Iren al final.

    Sammor exhaló lentamente.

    —Bueno… parece que esta vez sí era verdad.

    Iren lo miró.

    —¿El qué?

    —La red de espías. La han desmantelado.

    Hubo un silencio breve.

    —Con ayuda de medio continente —respondió Iren.

    —Claro. Los druidas, los templarios, la gente de Eldor, incluso Kattak… No me jodas, Iren, si hasta los halflings de Eloras acabaron ayudando con mensajes y refugios. Si todos encontraron algo, será porque algo había.

    Iren asintió despacio.

    —No digo que no existiera.

    —Entonces admítelo —insistió Sammor—. Ser Aderic Rael tenía razón.

    Iren se apoyó en la pared.

    —Tenía razón en una parte.

    Sammor frunció el ceño.

    —¿Una parte?

    —La red existía.

    —Y él la encontró.

    —Sí.

    —Entonces…

    Iren lo interrumpió con calma.

    —Y también convirtió media ciudad en sospechosa.

    Sammor bajó la mirada.

    —No digo que todo estuviera bien.

    —Porque no lo estuvo.

    El silencio cayó unos segundos.

    Desde la calle llegaban voces normales. Conversaciones normales.

    Takome parecía recordar cómo sonaba la vida.

    —Lo del escribiente fue una vergüenza —admitió Sammor al final.

    Iren soltó una risa seca.

    —¿Una vergüenza? Ese hombre, Corin Hale, acabó confesando hasta que su madre era una vaca.

    Sammor no pudo evitar sonreír apenas.

    —Ya…

    —Y aun así lo dieron por válido.

    —Hubo jurado.

    Iren lo miró fijamente.

    —Hubo miedo. Incertidumbre. Pasotismo. Necesitaban un culpable y dieron con uno que más o menos les cuadraba, sin pararse a pensar las consecuencias para el pobre muchacho. Su único delito era saber leer y escribir.

    Sammor suspiró.

    —Lord Rilder lo permitió.

    —Sí.

    La respuesta llegó demasiado rápido. Eso los sorprendió a ambos.

    —Pero parece que eso le hizo cambiar —continuó Iren—. Creo que ahí entendió lo lejos que había llegado todo.

    Sammor jugueteó con la taza.

    —Dicen que la pelea con ser Aderic fue terrible.

    Iren levantó una ceja.

    —¿La última?

    Sammor asintió.

    —Antes de la redada final. Gritos. En plena sede de la Cruzada.

    —He oído cosas distintas.

    —¿Como qué?

    Iren bajó un poco la voz por costumbre, aunque ya no pareciera necesario.

    —Que Aderic le dijo que se estaba ablandando. Que mientras él hablaba de justicia, la ciudad seguía llena de espías.

    —Yo escuché algo parecido —respondió Sammor—. Que le acusó de no hacer lo suficiente.

    —Y Rilder le respondió que ya había hecho demasiado.

    Sammor permaneció callado.

    —Tiene sentido —dijo al cabo de unos segundos.

    —¿El qué?

    —Que terminaran así.

    Iren lo miró.

    —Aderic era su discípulo.

    —Sí.

    —Y probablemente creyó estar haciendo exactamente lo que Rilder le había enseñado.

    La frase quedó suspendida entre ambos, porque dolía un poco más de lo esperado.

    —¿Crees que Rilder tenía derecho a enfadarse? —preguntó Sammor.

    Iren tardó en responder.

    —Creo que tenía obligación.

    —Pero gracias a ser Aderic terminó todo.

    —Sí.

    —Takome vuelve a ser segura.

    Iren miró hacia la calle y vio como una pareja caminaba tranquila. Nadie se escondía. Nadie bajaba la voz. No tanto, al menos. No toda la gente olvidaba tan rápido. Olvidarían, sí, pero algunas heridas tardarían en sanar en los corazones del Bastión de Plata.

    —Segura —repitió lentamente—. Sí.

    Sammor esperó.

    —Pero no intacta.

    Saren levantó la cabeza.

    —¿Qué es intacta?

    —Cuando algo no se rompe —respondió Iren.

    La niña pensó unos segundos.

    —Entonces Takome sí está rota.

    Ninguno respondió, porque la niña tenía razón. Sammor terminó dejando la taza sobre la mesa.

    —¿Fuiste al discurso?

    Iren asintió.

    —Sí.

    —Yo también.

    Se hizo un pequeño silencio.

    —Nunca le había oído hablar así —dijo Sammor.

    Iren tampoco, aunque recionoció que su discurso había cambiado los últimos días. Lord Rilder no había sonado como un político. Ni siquiera como un noble. Había sonado… cansado, furioso o quizá una mezcolanza de ambas.

    —No recuerdo las palabras exactas —admitió Sammor—. Pero aquello sobre justicia…

    Iren asintió despacio.

    —Dijo algo así como que Takome no podía permitirse olvidar el sufrimiento de su propia gente.

    —Y que habría consecuencias.

    —Sí.

    Sammor tragó saliva.

    —Eso me sorprendió.

    —A mí también.

    Iren permaneció pensativo unos segundos antes de continuar.

    —Y habló de Eralie.

    Sammor asintió.

    —Eso no es raro. Es un devoto del Padre de la Vida.

    Iren se quedó mirando un punto fijo de la pared.

    —Dijo que siempre hemos hablado de Eralie como protector. Como refugio. Como sanador.

    —Sí.

    —Pero lord Rilder también dijo algo distinto.

    Sammor intentó recordarlo.

    —Algo sobre que proteger no sirve de nada sin justicia.

    Iren asintió lentamente.

    —Y que sanar sin responder al daño… no basta.

    Sammor permaneció callado.

    —No lo dijo directamente —continuó Iren—. Pero sonaba a advertencia.

    —¿Contra Aderic?

    —Contra todos. Pero sí, especialmente contra él.

    Saren volvió a hablar desde el suelo.

    —¿Qué es justicia?

    Sammor sonrió apenas.

    —Ya preguntaste eso.

    —Pero nadie me lo explicó bien.

    Iren pensó unos segundos.

    —Supongo que es… hacer lo correcto para convivir en paz.

    La niña asintió como si aquello tuviera sentido suficiente. Luego volvió a sus figuras. Afuera, Takome seguía viva. Más segura, más tranquila, pero también más cansada.

    —¿Sabes qué es lo peor? —murmuró Sammor al cabo de un rato.

    —¿Qué?

    Sammor bajó la vista.

    —Que ser Aderic consiguió lo que quería.

    Iren tardó en responder.

    —Sí.

    —Y aun así siento que Rilder tiene razón.

    Iren lo observó largo rato.

    —Porque una ciudad no solo tiene que sobrevivir.

    Sammor levantó la mirada.

    —También tiene que poder mirarse al espejo después.

    Y por primera vez en mucho tiempo, ninguno de los dos discutió.

    korog
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    en respuesta a: Dos vecinos #358559

    La lluvia golpeaba los tejados de Takome con una constancia casi tranquilizadora. Casi. Iren cerró la puerta con cuidado y echó la tranca antes de quitarse el abrigo mojado. Sammor ya estaba sentado junto a la mesa, inquieto, jugueteando con una taza vacía entre las manos.

    —¿Has oído algo fuera? —preguntó en voz baja.

    —Nada raro. Solo patrullas.

    “Solo patrullas”. Hacía meses que esa frase había dejado de sonar absurda.

    Saren estaba sentada en el suelo, dibujando figuras torcidas con carbón sobre una tabla vieja. Levantó la cabeza un instante al ver entrar a su padre.

    —¿Puedo salir mañana?

    —Ya veremos —respondió Iren suavemente.

    La niña hizo una pequeña mueca y volvió a concentrarse en el dibujo. Sammor esperó unos segundos antes de hablar otra vez.

    —La reina se está moviendo rápido.

    Iren asintió despacio.

    —Sí. Más rápido de lo que esperaba.

    —Druidas del claro Nyathor, templarios de Poldarn… incluso Eloras. No me jodas, Iren, eso significa que Priis sabe que la situación está podrida.

    Iren se acercó a la ventana y apartó apenas la cortina para mirar fuera.

    —O que ya no confía en que la Cruzada pueda resolverlo sola.

    Sammor bajó automáticamente la voz.

    —No hables tan claro.

    —¿Todavía hacemos eso? —preguntó Iren con cansancio—. ¿Fingir que no vemos lo evidente?

    Sammor miró hacia la puerta antes de responder.

    —Todavía prefiero no dar motivos para que nos escuchen.

    La lluvia llenó el breve silencio.

    —Lo de ser Edrik Valcenne lo ha cambiado todo —dijo finalmente Sammor.

    Iren apoyó los brazos en el respaldo de una silla.

    —Sí.

    —Un cruzado muerto durante una redada… eso era justo lo que todos temían.

    —Y justo lo que algunos llevaban semanas provocando sin darse cuenta.

    Sammor negó lentamente.

    —No creo que quisieran llegar a esto.

    —No hace falta querer algo para empujarlo.

    Sammor suspiró.

    —Aun así… me alegro de que Lord Rilder haya tomado el control del asunto.

    Iren levantó la mirada y, para sorpresa de ambos, asintió.

    —Yo también.

    Ese acuerdo pareció extrañarlos un instante.

    —Nunca pensé que diría eso —admitió Sammor.

    —Ni yo.

    Saren levantó la cabeza.

    —¿Quién es Lord Rilder?

    —Un noble importante —respondió Iren—. Está intentando arreglar algunas cosas.

    —¿Es bueno?

    Iren y Sammor intercambiaron una mirada breve.

    —Creo que está intentando hacer lo correcto —dijo Sammor al final.

    La niña volvió a su dibujo. Sammor se inclinó un poco hacia delante.

    —He oído uno de sus discursos. El de ayer, cerca del distrito central.

    Iren asintió lentamente.

    —Yo también estaba allí.

    —Fue raro escucharle hablar así.

    —¿Así cómo?

    Sammor dudó un instante.

    —Más… contenido.

    Iren soltó una pequeña risa.

    —Lord Rilder contenido. Eso sí que es nuevo.

    —Ya sabes a qué me refiero. Antes todo era “hacer lo necesario”, “mantener el orden”, “no titubear”… —Sammor movió la cabeza—. Ayer parecía más preocupado por cómo se hacen las cosas.

    Iren permaneció callado.

    —Dijo algo sobre Eralie —continuó Sammor, pensativo—. No lo recuerdo exacto.

    —Yo sí —respondió Iren—. Algo sobre que llevamos demasiado tiempo viendo a sus clérigos solo como refugio para los débiles.

    Sammor asintió lentamente.

    —Sí… y luego añadió que proteger a la gente también implica ser justos con ella.

    La habitación quedó en silencio unos segundos. No era una frase especialmente grandiosa. Ni siquiera sonaba importante al repetirla. Y aun así, ambos parecían seguir dándole vueltas.

    —La gente escuchó eso —murmuró Sammor—. De verdad lo escuchó.

    —Porque están cansados —respondió Iren.

    —No solo eso.

    Iren levantó la mirada.

    —Había… no sé. Algo distinto. Como si estuviera intentando poner límites a todo esto sin decirlo directamente.

    Iren asintió despacio.

    —Tal vez porque sabe que decirlo directamente sería partir la ciudad en dos.

    La lluvia golpeó con más fuerza los cristales.

    —Hace unas semanas apoyaba las redadas —dijo Sammor—. No puedo quitármelo de la cabeza.

    —Yo tampoco.

    —Pero ahora parece otro hombre.

    Iren meditó unos segundos antes de responder.

    —No creo que sea otro hombre. Creo que vio demasiado tarde lo que ocurre cuando le dices a cierta gente que el fin justifica cualquier cosa.

    Sammor jugueteó con la taza vacía.

    —¿Y crees que podrá frenarlos?

    —No lo sé. Pero si Priis está buscando apoyo fuera de Takome… supongo que tampoco está segura de que pueda hacerlo solo.

    El silencio volvió a caer. Desde el suelo, Saren habló sin levantar la vista del dibujo.

    —¿Qué es justicia?

    Ninguno respondió enseguida.

    Al final, Iren habló con calma.

    —Hacer lo correcto. Y preocuparse por los demás aunque tengas miedo.

    Saren pensó un instante y asintió como si aquello tuviera sentido suficiente para ella. Luego siguió dibujando. Sammor miró la lluvia al otro lado de la ventana.

    —Es extraño escuchar a nobles y clérigos hablar así ahora.

    —¿Cómo?

    —De justicia. De límites. De responsabilidad.

    Iren apoyó la espalda en la pared.

    —Quizá hacía falta que todo llegara demasiado lejos para que empezaran a hacerlo.

    Sammor dejó escapar una exhalación cansada.

    —Espero que no sea tarde.

    Afuera, Takome seguía húmeda, silenciosa y llena de miedo. Pero por primera vez en semanas, algunos empezaban a preguntarse si proteger una ciudad significaba algo más que simplemente mantenerla en pie.

    korog
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    No se contemplan vagabundos semi-orcos? Yo creo que podrían encajar de alguna manera, aunque me parece que nadie los juega.

    korog
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    Ya más o menos tengo diseñada mi parte pero llevo dos meses impedido por una mudanza. Quiero hablar con Vurkhul cuando recupere la rutina para ir atando cabos y presentarle las variables hay.

    korog
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    Estuve hablando con Vurkhul de esta temporada. Creemos que lo más interesante sería 1) Tener hitos fijos que sucedan en la campaña (los que ha expuesto arriba) y 2) dar cierto espacio de cambio a los jugadores, quienes con sus acciones y a través de los eventos puedan influir sobre diferentes facetas de juego, bien sea temporalmente durante la saga o con una durabilidad más extendida. Estos cambios deberíamos tenerlos previstos de antemano y aprobados para respetar el lore y la jugabilidad. Pongo algunos ejemplos:

    • El bando Seldar quiere reforzar su influencia sobre Agnur (actualmente neutral) que podría cambiar sus diplomacias por verse sus mandatarios presionados por acciones de los jugadores de Dendra.
    • Dendra podría intentar someter a Keel o influenciarle de algún modo para poder desembarcar suministros extra para la guerra (especialmente en caso de no poder construir un muelle en Ankhalas) cambiando su diplomacia a neutral.
    • El bando Izgraull podría tratar de buscar aliados en Nalaghar, Andlief o incluso en exiliados de Danarpe, permitiendo que se unan a las diferentes luchas jugadores con buena reputación entre ellos. Asimismo emisarios de Seldar podrían coaccionarles para que evitaran entrar en la alianza Izgraull.
    • Podemos dar un papel menor a Khaol si encajara con la trama, especialmente con la alianza/traición del invierno y la activación de las «armaduras depresivas».
    korog
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    en respuesta a: Sigilar #357881

    Perdón por meterme pero por considerar una opción intermedia… ¿Qué os parece un malus a sigilar esos segundos? O un bono muy grande durante 5 segundos a detectarlo a quien estaba en peleas con él. No impide sigilar, pero lo dificulta enormemente (se supone que alguien con quien estás en peleas está atento cuando desapareces).

    Por otro lado, hace algún tiempo se abrió un hilo para posibles ladrones, por si queréis aprovecharlo.

    korog
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    4. Una recompensa de gestas, que veo mucho más lógico aquí, sería el tema de renombrar un equipo. No recuerdo el nombre de la recompensa, pero te permite llamar a tu guante espectral como «guante de cuero humano», por ejemplo. Y tiene más sentido y es más útil aquí que tener que hacerlo esperando por la puntuación de gestas, y capaz se pueda adaptar a un sistema de renombrar que no implique una interacción con el CDJ, aunque pueda avisarse para su revisión por parte de ellos.

    Esto sigue siendo de gestas, me parece. Además del TOP de gestas. Si no, ¡luego rastrear estos ítems es más complicado!

    3. El mayordomo, a parte de ser puramente cosmético, podría también avisar por el canal familiar cuando alguien entra o sale del solar, no? sería darle una ligera utilidad.

    A mí esto me gusta, aunque añadiría limitación de 1x organización.

    5. Una cosa que se me acaba de ocurrir mientras escribía estos puntos, es agregar una recompensa que te permita tener una lista de emotes automáticos (una especie de load chat) que pueda ser escrito por el jugador para su personaje. Por ejemplo, cada tanto, si el jugador está idle, que salgan mensajes como: «Hazrakh suspira mientras fija su mirada en el horizonte», «Hazrakh hace girar un pequeño anillo plateado en su dedo de forma distra{ida», etc. Pero solo mientras el jugador tenga 30 o más segundos de inactividad. Estos mensajes se agregarían a una lista y cada x tiempo (a determinar) se mostrarán a todos los jugadores de la sala. Puede costar 30 puntos por mensaje, hasta un máximo de 10, y estos pueden ser eliminados también con un coste de 15 puntos.

    Otra buena idea a valorar.

     

    Una duda que me surge a mí también, o quizá necesito una aclaración por haberlo entendido mal… Entiendo que el canje de ciertas recompensas (p.ej. el anillo) son máximo una por ficha EN TOTAL (y en ese caso, ¿si no me llegan los puntos esta temporada puedo comprármelo la siguiente?). Sin embargo otras deberían ser canjeables a futuras temporadas de sagas (p.ej. los puntos de CON, XP, dinero). De esta manera siempre habría unas recompensas más o menos habituales y nos obliga a innovar mucho menos. Y otras recompensas (p.ej. títulos) deberían ser únicas y exclusivas de la temporada.

    korog
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    También me importa mucho que no saquemos Lore contradictorio. Llevamos recopiladas cincuenta páginas de info de Izgraull y sus adoradores, para garantizar la continuidad con lo que ya hay en juego, y por supuesto tendrá que pasar también por la revisión y autorización de Satyr.

    ¿Y podríais pasármelas para leerlas? Porque yo me sumo a lo de no sacar lore contradictorio.

    korog
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    Sí, me refería a Izgraull, ya que es la mayor aberración de Osucaru.

    En mi mente tenía otra respuesta al porqué duerme: porque simplemente está hibernando. Al contrario que en el primer plano material, en donde las estaciones cambian en una medida determinada de tiempo, Izgraull es mucho más longevo que eso. Para él, mil años pueden ser apenas un parpadeo de ojos y sus ciclos no se corresponden con las estaciones.

    En cuanto a Seldar, la campaña de Naggrung se le ha terminado haciendo muy larga, como Napoleón en Rusia. Yo me imagino que para él la isla es una especie de campo de pruebas ahora mismo, como los alemanes hicieron en España durante la guerra. Quizá quiera probar nuevos demonios o nueva magia. También le quedaron flecos sueltos, ya que los nigromantes de Agnur jamás se le terminaron de someter, y tiene verdaderos problemas para acceder a la isla ya que el puerto de Keel es hostil a sus fieles.

    Si veis que hay más cosas que añadir esto se convierte en un proyecto más grande, por lo cual podemos mirar entre todos como llevarlo a cabo y desarrollarlo bien, ya que según veo traería cambios en el juego. ¡Y creo que eso estaría fenomenal!

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