De enanos y takomitas
Las primeras luces del alba del 20 de Cobe aún no acariciaban la cúspide de la Torre de la Santa Cruzada de Eralie en Takome, pues el sol aún no había ascendido del mar, más allá de la Costa Plateada. Los más tardíos borrachos y juerguistas se retiraban con paso vacilante por las callejuelas solitarias mientras la urbe dormía en paz.
Solo las monjas de los monasterios de Eralie susurraban plegarias en sus pétreas salas capitulares, pues sus rezos comenzaban antes del nacer del sol.
Pronto, las broncíneas notas de las trompetas de la Cruzada darían el saludo matutino al astro rey […]