Por orden de Rhomdur y Durgan
¡Casi dos centenares de Khaldan por un mísero puñado de rábanos!
– ¿Pero quién se creían esos Kattakitas? -rumiaba Brind con cada paso de vuelta-, ¡si los rábanos apenas saben a nada!
Por pura inercia intercambió un gesto a los guardias que vigilaban la entrada subterránea a su hogar secular mientras zozobraba hacia su casa murmurando maldiciones.
– ¿A dónde va a parar este mundo?, ¡¿es qué no ven a donde nos lleva este modelo económico guiado por el mercado?¡ -exclamó Brind, a quien no parecía importarle que llamase la atención-.
– ¡Sí, vamos!, ¡miradme más! -acusó el enano a los niños ojipláticos […]