De la Santa
Cabalgaba pensativo, dejando que su corcel ruano lo guiase a un trote no
demasiado rápido, esquivando los ocasionales peregrinos que como él se
dirigían a la tumba de Lady Brigitte. Nisiquiera se fijaba en las miradas de
adoración y esperanza que su presencia insuflaba a los aterrados peregrinos,
temerosos de ser presa de bandidos, salteadores o peor aún de enemigos de
Eralie que quisieran masacrarlos por mera diversión algunos o por su fe
religiosa los otros. Su poderoso caballo armado con una barda con su escudo
labrado en los laterales y un faldón que como su pecho llevaba el blasón […]