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Registro 2 de Gorel:
Historia
El primer recuerdo que tengo de mi juventud, evoca mi infancia en el templo de la luz cerca de las tierras pantanosas de Zulk, fui adoptada por los santos sacerdotes del
templo que me acogieron tras la muerte de mis padres a manos de los siervos de Seldar durante la defensa del Bastión de plata frente a las hordas de Grimoszk, mi padre
era uno de los mejores paladines de Eralie y mi madre se encontraba entre las más devotas de las sacerdotisas a su servicio, fruto de su amor nací yo. Tras su muerte
cuando yo contaba con tres años, pase a ser criada por los sacerdotes y monjas que vivían en el templo de la luz. De ellos recibí una refinada educación, me enseñaron a
leer y escribir en diversas lenguas, y me enseñaron los misterios del arte, las ciencias y por supuesto la religión.
Una vez alcancé la edad propicia, empecé mi instrucción como clérigo para recibir los dones y bendiciones de Eralie ayudando a los más necesitados y difundiendo su divina
palabra por toda Eirea. Como todo aprendiz comencé mi instrucción dedicándome a curar a los heridos, casando a los devotos y confesando a los pecadores, así pasé mi
juventud dedicada a mis años blancos.
Cuando cumplí la mayoría de edad fui ungida con la sagrada agua del santo cántaro y comencé mi peregrinación, abandoné el templo dejando atrás a los que durante todos
estos años habían sido mi familia. Fue una dura decisión pero la educación que había recibido y la fe que guiaba mis pasos me obligaba a dar este difícil paso, además
sentía en mi corazón el deber de hacer honor al legado que mis padres me habían dejado, pues no hay mayor orgullo que entregar la vida al servicio de Eralie.
Ante mí se abría ahora el mundo, tenía el santo deber de proclamar la palabra de Eralie y cumplir su sagrado canon, ayudando al necesitado y erradicando el mal que
contamina las tierras de Takome y nubla los corazones de sus habitantes.
Tras un par de años cumpliendo con mano firme el canon de Eralie, llegó a mis oídos la historia de Kraiz-ar un antiguo sacerdote que dirigía el antiguo templo que se
encuentra en las minas de plata de Takome, los Sacerdotes me habían contado historias sobre Kraiz-ar, hace tiempo fue el más poderoso adorador de Eralie, pero las
retorcidas palabras y engaños de Seldar lo tentaron y cayó en desgracia, perdiendo así los favores del santo Eralie, viéndose abandonado e imbuido por la negra mano de
Seldar redujo el templo a escombros con el poder de su martillo, pero debido a la vorágine de destrucción que había provocado el templo se hundió bajo sus pies
sepultándolo. Los mineros me habían contado que cerca de donde había estado el viejo templo aun se podían oír el sonido de su martillo golpeando las paredes de la mina, y
sus gritos maldiciendo el nombre de Eralie, así pues me dirigí allí a comprobar si eran ciertos los temores de los mineros.
Los mineros me indicaron el camino hacía donde se suponía se encontraban las minas, pero ninguno se atrevía a acompañarme por temor a las historias de desapariciones que
se habían venido sucediendo en los últimos meses, así que me dirigí con paso firme acompañada tan solo de mi maza y mi escudo, las antorchas de la mina iluminaban mi
camino, y a medida que me iba adentrando empecé a escuchar el inequívoco sonido de un martillo que golpeaba cada cierto tiempo en la lejanía, se podía sentir la maldad
que impregnaba el aire del túnel. Mis pasos me llevaron hacía una débil pared, al otro lado podía sentir el corrupto poder de Seldar, me prepare para lo peor, agarre mi
maza con todas mis fuerzas, pedí a Eralie que guiara mi corazón, y con un firme golpe de mi escudo derribe la pared, al otro lado oculto parcialmente por la oscuridad de
la sala pude ver el viejo templo derruido y a sus pies el pútrido cuerpo de un hombre alimentado por la corrupción de Seldar blandiendo un descomunal martillo, los ojos
del ser se iluminaron de un púrpura vivo al verme.
-¿Quien osa?- Gritó.
-Morirás hoy engendro, eso lo jura Gorel hija de Valuir.
-Excelente, así todo el mundo sabrá quien fue la inconsciente que me liberó, jajaja-. Rió, entonces levantó su martillo, pude ver como de su mano salía humo,
inequívocamente el martillo estaba bendecido con el poder de Eralie, y castigaba la maltrecha carne de Kraiz-ar cuando este lo usaba, pronunció unas palabras que no logré
entender y de su mano surgió un potente rayo de energía maligna, que a duras penas logré bloquear con mi escudo, el rayo me lanzó por el aire, y fui a dar contra la
pared, aun aturdida por el golpe vi como volvía a pronunciar otro hechizo, envuelta por la ira que me producía el verme vencida por semejante aberración me levante
rápidamente y pronuncié:
-¡Deletum Malevolens anima!.- al instante de mi mano surgió una lanza de luz blanca, que cogió desprevenido al impío ser y se incrustó en su pecho. Para mi sorpresa ni
siquiera cayó al suelo simplemente retrocedió un par de pasos, pero pude ver como la flecha sellaba su poder y lo debilitaba, consumido por el odio se aferró a su
martillo y cargo contra mi, me preparé ante su embestida y rece a Eralie para que me concediera su poder, alcé mis brazos al cielo y la pureza de Eralie envolvió mis
manos, cuando el monstruo alcanzó mi posición lanzó un terrible golpe que detuve nuevamente con mi escudo, semejante descarga lo destruyó y partió mi brazo, postrándome a
sus pies, cuando se disponía a propinarme el golpe de gracia me giré sobre mi misma y pude alcanzar su tobillo descargando toda la pureza y energía que Eralie me había
concedido sobre su maldito cuerpo, purgándolo de la maligna energía que lo animaba y haciéndolo caer al suelo. Aun conmocionada me levanté con dificultad y curé mis
heridas con los hechizos que normalmente utilizaba para curar a los demás, vi como el cadáver de Kraiz-ar aun se revolvía y me maldecía con mucha dificultad asqueada ante
semejante visión, me acerqué a el, pise su muñeca y arrebaté el martillo de su pútrida mano, pude sentir el calor y la bondad de Eralie recorriendo cada centímetro de mi
cuerpo, sin lugar a dudas era un arma para el bien de inigualable poder, escupí al cadáver de Kraiz-ar con desdén y dije:
-Para esto he nacido engendro maldito, mientras sigan existiendo seres como tu mi labor no habrá concluido-.Acto seguido le propiné el golpe definitivo con el martillo,
el poder del golpe abrasó todo su corrupto cadáver reduciéndolo a cenizas, sin lugar a dudas a partir de hoy el mal tenía algo mas a lo que temer.
Tras la derrota de Kraiz-ar pasaron los días y continué ejerciendo mi labor como fiel sierva de Eralie sin mas incidentes, me sorprendió ver como la historia de mi gesta
se había propagado por las calles de Takome, los sacerdotes y paladines que me encontraba en el camino me reconocían y se mostraban interesados en conocer los detalles de
mi hazaña, su interés aumentaba al ver el martillo que ahora blandía, ya que era un arma de una manufactura sin igual y el poder que desprendía rivalizaba con las armas
de los paladines mas devotos.
Pasado aproximadamente un mes, yo me alojaba en una posada, cuando tras un día ayudando a sanar a los heridos de las cruzadas me encontré en la cantina de la posada a una
bellísima mujer de tez blanca y largo cabello cobrizo que preguntaba por mi, portaba una reluciente armadura de placas similar a la que cualquier paladín de rango
superior podría haber vestido, al verme se acerco a mi y pregunto:
-Eres tu Gorel hija de Valuir y Asilda?
-Si soy yo, ¿quien lo pregunta?-respondí
-Mi nombre es Eumenide, algunos me conocen como la implacable -Su nombre me resultaba familiar, había oído historias sobre ella, se dedicaba a dar caza a los siervos de
Seldar mas allá de las fronteras de Takome y por ello contaba con toda mi admiración y respeto, mi curiosidad iba en aumento.- he oído que fuiste tu quien acabo con el
malogrado espíritu de Kraiz-ar en las minas de plata del norte
-Sí, fuí yo, ese engendro me partió el brazo, pero ya no volverá a atormentar a los mineros del norte, el martillo que porto a mi espalda es prueba de ello.-le mostré el
divino redentor que había arrancado de las pútridas manos de Kraiz-ar
-Impresionante, eres justo la persona que busco, me dirijo al monte del destino, para acabar con la vida de Alchanar el rey demonio, los videntes vaticinaron su llegada a
este mundo hace unos días, debemos dirigirnos allí antes de que reúna todo su ejercito y acabar con el de una vez por todas.
-Pero esa tarea es digna de un ejército, ¿como se supone que nosotras dos solas podemos lograrlo?
-Alchanar aun es débil su poder en este mundo aun no se ha manifestado por completo y ejercito podría alertarlo y provocar su huida, debemos ser el mínimo número posible
y llegar a el con la fuerza y la velocidad del relámpago, así que te pregunto, ¿estás conmigo?
No puedo negar que las dudas asaltaban mi mente, pero pocas veces el deber y la gloria se juntan para ofrecer una oportunidad de tamaña magnitud. -Sí.-respondí.-Además,
es una magnífica oportunidad para probar de que es capaz este martillo. En mi cara se dibujó una sonrisa que mostraba temor e impaciencia a partes iguales.
Partimos a la mañana siguiente con el primer rayo del alba, cabalgamos durante tres días sin parar apenas, solo para beber y descansar, el tiempo apremiaba y no podíamos
permitir que el poder de Alchanar fuera en aumento.
Cuando llegamos a nuestro destino pude ver ante mi un enorme volcán, de el manaba un humo negro como la noche, y la maldad que desprendía se podía sentir hasta en los
huesos.
-A partir de ahora tendremos que escalar-.Dijo Eumenide
-Bien, liberemos a los caballos no me gustaría que sirviesen de alimento a alguna de las corruptas criaturas que pueblan este volcán.
Tras liberar a nuestros caballos nos dispusimos a escalar, por suerte habíamos venido preparadas y pudimos evadir el camino principal que llegaba hasta el cráter y de
está manera traspasar las primeras líneas de defensa. Pasamos todo el día escalando, cuando por fin alcanzamos la parte alta del volcan encontramos la entrada a una
cueva, dentro en la oscuridad se podía sentir un gran mal, nos preparamos para la batalla y nos adentramos en la oscuridad, avanzamos con rapidez para lograr coger a
nuestro enemigo por sorpresa, Eumenide se movía a una velocidad sorprendente para llevar una coraza tan pesada, e medida que nos adentramos en la cueva empezamos a
escuchar un ruido y vimos al fondo del pasillo una luz como de llama, que iba aumentando, le hice un gesto a mi compañera y nos preparamos para cargar, cuando Eumenide
dió la señal empezamos a correr, y al fondo del pasillo apareció una patrulla compuesta por dos elementales de fuego y una salamandra, nuestro ataque los cogió
completamente por sorpresa, Eumenide cercenó la cabeza del primero sin mayor dificultad y yo por mi parte descargue todo el poder de mi divino redentor evaporando el
segundo, la salamandra enfureció pero antes de que pudiera hacer nada, le propine un mortal golpe en el costado. Seguimos adentrándonos con presteza por la cueva hasta
llegar a una zona donde se ensanchaba, ante nuestros ojos se erigía la fortaleza de Alchanar, una gran muralla de negra piedra guardaba cinco altas almenaras, en la parte
frontal una puerta de obsidiana guardada por dos elementales impedía el paso.
-Ahora prepárate yo abriré el paso tu cúbreme y remata a los que derribe para que no causen problemas-. Dijo Eumenide
-Muy bien estoy lista-.Respondí, acto seguido Eumenide pronunció unas palabras de oración y pude ver como el poder de Eralie bañaba su cuerpo y guiaba sus actos, sabía
que los paladines mas dotados eran capaces de tales proezas pero me sorprendió verlo en persona.
-¡Ahora!-.Gritó Eumenide poseída por la voluntad de Eralie, cargamos contra la puerta, su velocidad era pasmosa, los guardias se sobresaltaron pero antes de que pudieran
hacer nada, Eumenide los partió a ambos por la mitad con un certero golpe de su espada, y cargó contra la puerta derribándola, tras la puerta se encontraba una decena de
elementales y salamandras que guardaban el patio interior, mi compañera cargó contra ellos mientras yo preparaba una tormenta de luz para castigarlos, Eumenide atravesó
sus filas con facilidad decapitando y mutilando a la mayoría de ellos, aquellos que escapaban de su mortal filo cayeron presa de mi tormenta y fueron abrasados por el
poder de Eralie, sin lugar a dudas fue un ataque impecable, ahora solo teníamos que llegar hasta Alchanar.
-La torre central-.dijo Eumenide.-puedo sentir el hedor de su mal desde aquí-. Se dirigió sin vacilar hacia la torre central aun poseída por el poder de Eralie, yo la
seguí rápidamente. Subimos pos unas escaleras que serpenteaban a lo largo de la torre, el aire estaba impregnado del hedor de los demonios y el mal recorría cada
centímetro de la escalera, por fin llegamos a lo alto de la torre, ante nosotros se encontraba una puerta de ébano pútrido, con una simple patada Eumenide la derribó,
justo después escuchamos un rugido y una bola de fuego voló hacía mi aliada, pero esta aún poseída por Eralie la bloqueo con su escudo.
-Así que sois vosotras las que habéis acabado con mis siervos, ¡moriréis hoy zorras!-.Ante nosotras se encontraba un demonio de gran tamaño, portaba una negra coraza, y
blandía una espada gigante que ardía con el color del metal fundido, unos negros cuernos coronaban su cabeza, y unos afilados colmillos adornaban su malvada sonrisa.
Alchanar empezó a conjurar un hechizo de nuevo, pero antes de que pudiese terminarlo Eumenide cargó contra el, rápidamente Alchanar blandió su espada contra ella y se
enzarzaron en combate mano a mano, yo me uní a la batalla y cargué contra el malvado ser, este se encontraba concentrado en la pelea con mi compañera y no pudo evadir mi
golpe, el poder de mi martillo quemo la piel de su costado con agresividad, ante mi ataque se giró repentinamente y me propinó un potente golpe que me hizo atravesar la
habitación, en ese momento Eumenenide aprovecho y clavo su espada en el pecho de Alchanar este enfurecido, aprovechó el ataque y se acercó a mi compañera inmovilizándola
con ambas manos para morderla así en el hombro atravesando su armadura, en esos momentos, el poder de Eralie comenzaba a abandonarla y se debilitaba, yo aun aturdida me
levanté y reuniendo todo el poder que me quedaba volví a conjurar la tormenta de luz para castigar al demonio y curar con ella a mi compañera, ante mi ataque Alchanar
retrocedió gritando de dolor, y Eumenide con energías renovadas, arrancó la espada del pecho de Alchanar,y le propinó un tremendo tajo en el cuello que le rebanó la
cabeza. Cuando el cuerpo sin vida del demonio cayó al suelo ambas nos miramos exhaustas, la satisfacción del trabajo cumplido brillaba en nuestras caras.
Logramos huir por el mismo camino por el que vinimos sin más incidentes, y regresamos a Takome con la cabeza de Alchanar, nuestra hazaña nos valió grandes elogios, pero
esta solo fue el principio, ya que no descansaré hasta purgar a este mundo de la amenaza de Seldar.Rol
Gorel sigue el canon de Eralie de forma vehemente dedicada en cuerpo y alma a ayudar a los demás y evitar el avance del mal. Su código de conducta es muy estricto tal y
como dicta el canon, pues sabe que la mejor forma de ayudar a los habitantes de Takome es convirtiéndose en un ejemplo para ellos, mostrándoles la bondad y el amor de
Eralie, por eso Gorel se esfuerza en ayudar a las personas de Takome, ya sea con pequeños gestos como dar un mendrugo de pan a un mendigo, o pasando tiempo jugando con
los niños de la ciudad y enseñándoles el canon de Eralie para que se conviertan en fieles seguidores cuando crezcan, o incluso ayudando con sus propias manos en el
cuidado de la cruzada, hogar. El canon de Eralie esta presente en todo momento de la vida de Gorel, en los buenos actos ya mentados antes y en la lucha, cuando se tiene
que vestir su armadura y empuñar su martillo para enfrentarse a los siervos de Seldar, pero en estos momentos sabe que debe luchar con toda su fuerza y poner todo su
corazón porque si fracasa todas las almas que intenta salvar a diario estarán condenadas.Objetivos
– Ayudar a los Takomitas más desfavorecidos y a los que más lo necesiten.
– Enseñar idiomas a todo aquel que quiera aprender.
– Ser uno de los Sacerdotes más experimentados que pueda haber.
– Crear una Familia para los niños huérfanos Takomitas
– Entrenarse en el arte del alumbramiento, para a ayudar a cualquier madre apunto de dar la vida a un nuevo ser.
– Vigilar y destruir a los seguidores de Seldar allí donde quiera que existan
– Devolver a la vida mediante la resurrección a todos aquellos caídos durante la batalla contra las huestes de Seldar y sus aliados.
– Comprender el canon de Eraile, para poder ser uno de sus más fieles seguidores.
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