Inicio Foros Historias y gestas Registro 2 de Wyrcaen

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      Mi nombre es Wyrcaen de Takome nací hace 24 años a finales de la 3º Era. Mi madre se llama Filia Strow por aquel
      entonces era una reconocida trovadora. Mi padre Gallam Caser es un gran marinero de las costas de Urlom .
      Me crie en la posada de Comellas entre mercaderes, aldeanos, mercenarios y algún que otro trovador. Mi madre
      actuaba allí a menudo cantando y tocando las grandes hazañas que vivió de joven. Desde joven la ayude en sus
      actuaciones tocando algún instrumento o acompañándola en sus canciones.
      Una de las muchas tardes después de ayudar a mi madre a recoger sus instrumentos después de una larga actuación.
      Cuando la posada estaba a punto de cerrar se oyeron unos fuertes golpes en la puerta, fui a abrir a toda prisa por
      si era papá volviendo de una buena pesca. En su lugar un hombre muy alto, envuelto en harapos atravesó el umbral. Su
      tez era oscura y sus ojos blancos como la luna. Se sentó en una mesa sin mediar palabra, el señor Comellas le sirvió
      con rapidez comida y agua.
      -Señor Comellas. Dijo el hombre alto.
      -¿Que os trae tan lejos de Kattak maestro Sudilak?
      -Se que aquí se esconde un peligroso Adorador de Seldar, por orden del rey Darin vengo a ejecutarlo.
      -De eso nada a-a-aquí no se esconde nadie. En su voz se percibía un tono de miedo.
      De las escaleras vi bajar lentamente a un hombre fornido, muy pálido y acorazado con una imponente armadura negra.
      De su boca salió un poderoso grito con el nombre de ¡Seldar!, haciendo temblar toda la posada. Mama corrió hacia mi
      para protegerme pero se quedo paralizada como si fuese una estatua, Comellas y Sudilak también. Solo el hombre de la
      armadura negra seguía bajando las escaleras riendo como un loco a la vez que blandía una enorme maza. Se acerco
      rápidamente a Sudilak que seguía inmóvil y descargo un potente mazazo. Su piel parecía de piedra, no cedía ante los
      incesantes mazazos.
      Sudilak pareció recobrar la consciencia y moviendo sus manos pronuncio ‘majio magyiz projiss’ Un destello de luz
      cegadora impacto sobre el Seldar y este cayo sobre el suelo malherido. Se acerco hacia mí y me dijo:
      -¿Estas bien pequeña?
      -Si señor, respondí y el me sonrió.
      Mama y el señor Comellas yacían inconscientes por el tremendo grito del hombre de la armadura negra. Con un simple
      movimiento de su mano el hombre llamado Sudilak devolvió la consciencia a ambos. Después de asegurarse que tanto mi
      madre como Comellas se encontraban bien, Sudilak se dirigió hacia el cadáver, con su dedo trazó una línea cruzando
      la garganta del Seldar cercenando mágicamente su cabeza y consumiendo su cuerpo en llamas, para acto seguido guardar
      la cabeza en su morral.
      Tras despedirse con un gesto de indiferencia de los allí presentes, se disponía a abandonar el local. Al verlo
      partir sentí que mi futuro estaba ligado a ese hombre, semejante derroche de poder había despertado en mi el ansia
      de conocimiento y aventura hacia la que sólo el podía encaminarme. Me levante, sacudí el polvo de mis ropajes y fui
      corriendo hacía, este se giró con una mirada de desdén y al ver mis ansiosos ojos preguntó:
      -¿Qué estas mirando niña?
      -Oh poderoso señor, llevadme con vos, quiero aprender los misterios de la magia arcana, para algún día, realizar
      proezas comparables a las suyas-. Mi madre se quedo paralizada tras escuchar mis palabras.
      -Dudo que poseas las aptitudes necesarias para ser mi aprendiz-. Sus ojos reflejaban una mirada de desprecio, pero
      mi determinación era férrea y no pensaba aceptar un no por respuesta
      -Estoy decidido a acompañaros mi señor y como podréis comprobar aprendo muy rápido.
      Sabía que sólo mediante la palabrería no podría convencerlo, pero tras ver a mi madre usar sus encantos de mujer
      para doblegar la voluntad tanto de soldados como nobles, sabia que a pesar de que Sudilak era un poderoso mago
      seguía siendo un hombre y sus instintos podrían conseguirme la oportunidad que perseguía. De manera que mientras le
      narraba mis aptitudes agarre su brazo con firmeza para que no se fuera, a la vez que le mostraba los emergentes
      encantos que mis ropajes permitían.
      Pudo percibir un atisbo de duda en la mirada del mago, tras un segundo de silencio preguntó:
      -¿Acaso no tienes familia?
      -¡Ya tengo 16 años puedo hacer lo que quiera con mi vida!-. Me quede sorprendida al escuchar la determinación en mis
      palabras, por fin podría abandonar la tedio y la rutina de mi monótona vida.
      -Muy bien niña sígueme si así lo deseas pronto tendrás que demostrarme tu valía.
      Subí corriendo a mi habitación, y me dispuse a guardar mis pocas posesiones en una mochila. Me despedí rápidamente
      de mi madre mientras esta me suplicaba entre sollozos que no me marchaba, y mientras atravesaba el umbral de la
      puerta sentí que una nueva y emocionante vida se presentaba ante mí.
      Dos años han pasado desde empecé mi nueva vida, me encuentro en Omenak, mas conocida como La Roca. Mi maestro
      Sudilak me trajo aquí ya que tras dos meses de acompañarlo en sus viajes decidió que la senda de la abjuración no
      era apropiada para mi, ya que mi pasión por las artes y la música me distraían del estudio arcano de manera que tras
      iniciarme en la magia básica me aconsejo seguir la senda del bardo en Omenak ya que el no podía concederme esos
      conocimientos.
      Aquí he aprendido ha canalizar mi poder arcano a través de la música y la danza, nunca abría imaginado que mi pasión
      por el arte podría concederme semejante poder. Sudilak viene a visitarme de vez en cuando y me habla sobre sus
      obligaciones para con la alianza (no puedo esperar a completar mi aprendizaje y acompañarlo en sus viajes), noto que
      los sentimientos de Sudilak hacía mi han cambiado y ve en mi una hija mas q una aprendiz ya que no hemos vuelto a
      dormir juntos desde aquellos primeros meses en los que me enseño las leyes básicas de la magia.
      ¡Por fin!, tras cuatro años de duro aprendizaje en Omenak, mi maestro me ve apta para acompañarlo en su próxima
      misión, me ha comentado que es un a misión sencilla, supongo que todavía no confía lo suficiente en mí pero esto es
      un principio.
      Sudilak se disponía a acabar con un troll que amenazaba a los pescadores del río Iaurduin. Nos disponíamos a pasar
      la noche en la posada de Anduar, cuando a mis oídos llegó el rumor de que bajo el puente del río en las cercanías
      del templo de Eralie estaban desapareciendo los caballos de los mercaderes nómadas que por allí circulaban. Le
      comente a mi maestro la información que había conseguido y decidió ir a investigar la zona a la mañana siguiente.
      Pasé casi toda la noche despierta, en vela por la emoción, por la mañana me desperté con presteza y desayuné a
      trompicones, cuando ya había acabado vi bajar las escaleras a mi maestro, notaba que esa noche había dormido
      plácidamente, supongo que esta acostumbrado a este tipo de misiones. Una vez ambos estuvimos listos para el viaje
      partimos en dirección a las cercanías del templo. Los nómadas que por allí campaban nos comentaron que algunos de
      sus compañeros habían oído ruidos al cruzar el puente del río y sus perros habían percibido un olor extraño, así que
      nos dirigimos hacía el puente.
      Una vez allí descendimos por la espesura que bordeaba el enorme puente para adentrarnos en sus profundidades, a
      medida que íbamos avanzando la maleza que allí nacía se iba espesando, al ver que bajo el puente la oscuridad se iba
      incrementando y con la intención de lucirme ante mi maestro pronuncié .-¡magius lios!-. concediendo a mi bandurria
      el brillo de una antorcha (la expresión de desdén de mi maestro fue indescriptible). Nos fuimos adentrando en la
      oscuridad iluminados por mi hechizo y a medida que íbamos avanzando empezamos a escuchar sonidos guturales, ante lo
      que Sudilak dijo:
      -Prepárate niña.
      Para acto seguido pronunciar .-Aerdicor amundran ohoizee-. Convirtiendo su piel en piedra. Siguiendo el ejemplo de
      mi maestro formule el hechizo básico de defensa que me habían enseñado, conjurando nueve imágenes idénticas de mi
      persona
      Tras la preparación avanzamos con paso firme hacía el origen de los sonidos, cuando percibimos a lo lejos lo que
      parecía la luz de una hoguera a la par que notamos en el aire un nauseabundo hedor. A lo lejos cerca de la hoguera
      pude ver lo que parecía la silueta de un humanoide gigantesco sentado comiendo lo que parecía una vaca o algún otro
      tipo de ganado.
      Sudilak y yo nos dirigimos hacía el y mi maestro exclamó:
      -Ríndete o disponte a morir bestia inmunda-. El troll se giró con indiferencia hacía el, pero tras ver mis imágenes
      su mirada se inyecto en sangre y se abalanzo sobre una de ellas exclamando una frase que se escapa de mi
      comprensión, tras atravesar mi imagen y caer de bruces contra el suelo, de cada uno de los dedos de Sudilak
      despegaron 10 misiles arcanos que explotaron contra el costado del troll, mientras yo blandiendo mi bandurria
      interprete las notas para lanzar uno de mis hechizos ofensivos con el cual cargue con electricidad mi mano, para
      acto seguido tocar al troll y descargar sobre el mi poder propinándole el golpe definitivo.

      Embargada de emoción me giré hacía mi maestro buscando su aprobación pero en su lugar encontré una expresión de ira,
      y note como el troll tras de mí se erguía de nuevo. Entonces de la mano de Sudilak surgió una flecha de fuego que
      impactó entre los ojos del troll, dándole ahora sí el golpe mortal.
      Tras caer muerto a mis espaldas el troll Sudilak me reprendió:
      -¿Es que no te enseñan nada en esas academia? ¿Acaso no sabes que los trolls sólo pueden ser eliminados con fuego?
      -Lo siento maestro me descuide-. Respondí
      -Vamos a avisar a los mercaderes, para que recuperen sus posesiones, alégrate has completado tu primera misión con
      éxito-. Una leve sonrisa se atisbaba en la comisura de su boca.

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