Inicio › Foros › Historias y gestas › La armadura de Tortuga
-
AutorRespuestas
-
-
Valka lo observó con atención desde el muelle durante unos segundos.
—Ya veo… espera, no salgas. Toma, coge esto —dijo de pronto.
Sin previo aviso, Valka cogió la pesada armadura de Trotix y, con un solo brazo, se la lanzó. En cuanto Trotix la agarró, comenzó a hundirse sin remedio.
—¡Pero qué haces! —exclamó mientras tragaba agua—. ¡Glu, glu, glu!
Valka se encogió de dolor durante un segundo antes de responder con total calma.
—Nada. Enseñarte que nuestras habilidades acuáticas son incompatibles.
El joven lagarto siguió hundiéndose unos instantes más antes de que Valka continuara.
—Así, tu eficiencia y eficacia en el mar no es que sea menor… es inexistente.
Valka se agachó y ayudó a Trotix a salir del agua. Empapado y furioso, Trotix miró con odio a Valka mientras arrastraba la armadura hasta una escalera del muelle.
—Agua y armadura es como una gaita en manos de un orco —añadió Valka—. Inservible, de adorno.
Trotix respiró hondo antes de responder.
—Lo sé, pero no me gusta ir sin ella. Me siento desnudo.
Mientras salía del agua, Valka pudo ver que Trotix todavía llevaba pesadas piezas metálicas ocultas bajo el ropaje.
—Con esa armadura —dijo Valka—, por mucho que te proteja en tierra, no podrás usarla en el mar. O vas desnudo o…
Trotix lo interrumpió con firmeza.
—El mar está lleno de krakens, tiburones y todo tipo de bestias. No pienso tirarme al mar sin protección.
—Serás un bonito tentempié y de fácil caza —respondió—. Con esa armadura, por mucho que te proteja en tierra, no podrás usarla en el mar. O vas desnudo o…
—¿O qué? —preguntó Trotix.
Observó cómo Valka se quedaba pensativo, mirando fijamente al mar.
—¿O qué? ¿En qué estás pensando? —insistió.
Valka tardó unos segundos en responder.
—Bueno… existe una coraza que te permitiría poder usar tus habilidades acuáticas sin renunciar a tu amada armadura.
Trotix cambió el gesto de inmediato, pensando que Valka iba a soltar alguna impertinencia.
—Explícame eso —dijo.
—Es una coraza que solo los grandes luchadores lagartos se permiten llevarla —continuó Valka—. Kaluk, Szhulu o Droock son grandes guerreros de Grimoszk que se ganaron un renombre y se les permite usar esa coraza.
Se giró hacia Trotix con una mirada dura.
—Pero tú, joven lagarto, no tienes renombre. Solo un nombre.
—¿De qué coraza estás hablando? —preguntó Trotix.
Parecía más interesado que ofendido por las palabras de Valka.
—Sé que aún tengo mucho que demostrar, pero seré un gran guerrero —añadió.
—Y no sé si el Consejo te permitirá usarla… a no ser que, consiguiéndola, demuestres tu valía.
Es una coraza de tortuga, capaz de permitir a su portador usar cualquier armadura en el mar.La lluvia seguía cayendo mientras Valka continuaba.
—Para conseguirla tendrás que pasar un tiempo en la isla helada de Naggrung y hacerte aliado de un poblado tritón. Su rey te proporcionará dicha coraza.
Trotix frunció el ceño.
—¿Coraza de tortuga? Jamás escuché hablar de algo así.
Intentó leer el semblante de Valka, tratando de averiguar si le estaba tomando el pelo o intentando sacarle dinero.
Valka señaló con el brazo una isla remota que se divisaba a lo lejos.
—¿Naggrung? ¿Tritones? —preguntó Trotix.
Valka asintió con la cabeza.
—Pero… —empezó Trotix—.
¿Sin más? ¿Qué pretendes que haga? ¿Que vaya a esa isla helada del demonio y le diga al primer tritón que vea: “Eh tú, hazme una coraza con una tortuga”?Su gesto volvió a enfurecerse.
Valka estalló en carcajadas.
—¡JAJAJA!
Inténtalo, a ver qué pasa.Luego, con tono más serio, añadió:
—Tienes dos opciones: o te olvidas de tu armadura o consigues esa coraza.
—Ah… ¿pero estás hablando en serio? —preguntó Trotix.
—Tratar con los tritones ya es una gran muestra de valentía —respondió Valka—. No son fáciles de tratar.
No, no bromeo. Eso es lo que te puedo ofrecer.Valka guardó silencio unos segundos antes de sentenciar:
—La decisión es fácil: armadura pesada o armadura de cuero.
Trotix respiró hondo.
—De acuerdo —dijo.
Mientras recogía sus cosas, habló de nuevo.
—Mañana mismo cogeré un barco rumbo a la isla. Pero es muy grande… ¿alguna pista de dónde encontrar a esos tritones?
Valka alzó un dedo.
—Ah, sí. Se me olvidaba un pequeño detalle sin importancia.
Trotix se giró hacia él frunciendo el ceño.
—Para acceder a los tritones también deberás aprender su idioma —continuó Valka—. Eres joven, no tendrás problema en su aprendizaje.
¿Pista? Busca los Acantilados del Trueno.Trotix miró al cielo, incrédulo.
—¿Aprender su idioma?
Suspiró.
—Si ya me estoy volviendo loco con el dendrita…
—Pues cuando empieces con el élfico… —respondió Valka, mirándolo de reojo e intentando no reírse.
—¿Élfico? No me tomes el pelo —replicó Trotix—.
No seré muy listo, pero sé cuando se están intentando reír de mí.Se adelantó hacia Valka hasta casi chocar con él.
Valka lo miró con una sonrisa torcida.
—Me encanta la sangre joven que no teme a nada.
Trotix contuvo su rabia antes de hablar.
—Bueno… gracias por la información.
—Prepara tu petate —dijo Valka—. Estarás mucho tiempo fuera de casa.
Yo te esperaré aquí, con mi pesca. Adiós, Trotix.Valka se dio la vuelta y se sentó en el muelle mientras preparaba el próximo cebo.
—Gracias —respondió Trotix.
Se despidió de Valka y comenzó a alejarse.-
Este debate fue modificado hace 2 weeks, 4 days por
smiaug.
-
Este debate fue modificado hace 2 weeks, 4 days por
-
— Unos meses después los 2 lagartos se volvieron a encontrar —
Trotix llegó nadando envuelto en una coraza con forma de caparazón.
—Vaya, vaya… Mira quién ha llegado por fin.
—Saludos, Valka —respondió Trotix.
Valka esbozó una sonrisa al ver al joven.
—Saludos, joven lagarto.
El sol comenzó a asomar por el horizonte, anunciando el comienzo de un nuevo día, y la escena se tiñó de una luz nueva sobre el muelle.
Trotix hizo una torpe reverencia al llegar al lado de Valka.
Valka empezó a andar alrededor de él, observando la nueva pieza con atención, como quien examina un trofeo o una herida recién cerrada.
—Cuéntame, ¿cómo fue todo? —preguntó.
—Pues… —empezó Trotix.
Trotix tragó algo de saliva.
—La verdad es que no fue exactamente como me pediste.
Valka ladeó la cabeza.
—¿Ah, no? Vaya, estaré perdiendo memoria.
—No, no, no es eso.
—Soy incapaz de hablar ese idioma de gorgoritos y escupitajos.
Trotix se mostró avergonzado.
—No quiero mentirte. La verdad es que encontré el poblado donde dijiste, pero fui incapaz de comunicarme con ellos. Estuve meses y nada.
La he… la he comprado.—Bueno… —dijo al fin—. Has usado el camino fácil: acudir al mercado negro.
—Has demostrado tu valía… joven.
Trotix se apresuró a decir: nunca fui bueno con los idiomas, pero eso no quiere decir que no pueda ser un poderoso guerrero. Y ahora con esta armadura demostraré mi poder en tierra o mar. Donde se me pida.
La respuesta de Valka fue inmediata y brutal.
Con un giro rápido, le soltó a Trotix un soberano puñetazo en la mandíbula, dejándolo tambaleando.
—¡Eres una deshonra como lagarto y como guerrero de Grimoszk! —exclamó.
—¡Acudir al mercado negro por no saber entender un idioma, pedazo de… arrgggg!
Trotix se trastabilló hasta casi caer dando varios pasos hacia atrás.
Trotix contuvo su rabia.Valka respiró hondo, intentando calmarse.
—Supongo que me lo merezco —admitió Trotix.
Trotix agachó la cabeza.
Valka empezó a susurrar para sí, como si se estuviera sujetando con palabras.
—Cálmate, cálmate… controla tu furia, controla tu furia…
—Te juro que te colgaba de la cola en la grúa del muelle, a merced de los tiburones blancos.
Valka suspiró, y cuando habló de nuevo ya sonaba más frío que furioso.
—Vale. Ya tienes la coraza. No podemos volver atrás.
—No sé qué decir… Lo siento. Pero dame solo una oportunidad de demostrar mi valor —pidió Trotix.
Valka respiró más tranquilamente.
—¡Lo harás! —exclamó—. Sígueme.
Valka, sin decir mucho, le dio el empujón final: el gesto que significaba “ya basta de preparativos”.
Trotix no dudó y se lanzó tras él.
Bajo la superficie, las corrientes los arrastraron por las costas y mar abierto. Valka nadaba delante, marcando el ritmo, y Trotix se esforzaba por seguirlo sin perder el control de la respiración ni del ajuste de la coraza.
Valka se volvió lo justo para hablarle.
—¿Tienes la coraza bien ajustada?
—Por supuesto —respondió Trotix.
Trotix no sabría hablar ese idioma del demonio, pero sabía ajustarse una coraza.
Valka asintió.
—Bien. Este Ifrit es demasiado poderoso para ti aún. Sigamos.
Siguieron nadando. Más adelante, Valka le señaló una presa más razonable.
—Prueba con este atún, tiene un buen tamaño.
—A ver cómo te mueves en el agua.
—Bah —soltó Trotix, casi ofendido.
Trotix se lanzó al ataque, y el agua se enturbió entre movimientos rápidos y sangre. Cuando terminó, el atún flotó sin vida.
Valka lo miró con aprobación.
—Bien, bien. Vamos.
Continuaron, y entonces apareció algo mucho mayor.
—¡Una ballena! —exclamó Valka.
—Esto ya es otra cosa —dijo Trotix.
—Sí. Demasiado para ti. Prosigamos —decidió Valka.
Se desplazaron hasta que el mar dejó de ofrecerles referencias claras.
—No veo gran cosa. Buceemos —ordenó Valka.
Ambos descendieron.
El fondo marino los recibió con sombras, criaturas y un silencio pesado. Valka señaló.
—A por ese tiburón.
Trotix se encaró con el Tiburón Goblin. El combate fue rápido y brutal, y al final el tiburón quedó flotando sin vida.
—Cada vez te veo más cómodo con la coraza —dijo Valka.
—Sí, es una maravilla —admitió Trotix—. No sé por qué no tiene una todo lagarto. Deberíamos aprender a fabricarlas.
Tener que recurrir a ese poblado bárbaro…Valka no se rió esta vez.
—Es un diseño exclusivo de ese poblado. Además, su población escasea cada vez más.
Morirá con ellos si no confían en nadie para transmitir el secreto.Trotix se sintió mal. Quizá debería intentar aprender su idioma otra vez. De alguna manera se sentía en deuda con ellos.
—Continuemos —dijo Valka.
—Te sigo —respondió Trotix.
Y siguieron. Más profundo, más lejos, hasta que el agua se volvió un azul oscuro y vasto, agorafóbico, donde uno podía sentirse perdido incluso con alguien al lado.
Estaban moviéndose cuando, de pronto, Trotix sintió el peligro antes de verlo: una presencia enorme, rápida.
Un Gran Tiburón Blanco los atacó.
—¡Aquí está! —gritó Valka.
La lucha se alargó, y el tiburón llegó a atrapar a Valka, reteniéndolo con su mordisco poderoso. Pero entre la nube venenosa de Trotix y la ferocidad de Valka, la bestia empezó a ceder.
Trotix forcejeó con el gran tiburón y, después de un largo combate, consiguió someter a la bestia.
Valka lo miró, por fin satisfecho.
—¡Bien, Trotix! Por mí ya hemos acabado por hoy.
Volvamos al muelle.Mientras ascendían y volvían a descender, el frío del exterior mordía incluso desde arriba. El agua parecía querer recordarle a Trotix que el mar nunca era solo una prueba: era una voluntad.
En una de esas bajadas, Trotix vio algo entre sombras.
—¿Qué es eso? —preguntó.
Trotix señaló un grupo de figuras que salían de la oscuridad de un arrecife.
Valka miró hacia donde señalaba. Las sombras crecieron, acercándose, tomando forma.
—Prepárate… —dijo.
Trotix se puso en tensión y se interpuso entre las criaturas y Valka.
—No te hagas el valiente, joven —advirtió Valka—. Observa sus movimientos, su manera de nadar, y determina sus puntos débiles.
—¡Esto es lo que me gusta! —exclamó Trotix.
Trotix serpenteó por el mar intentando conseguir una posición ventajosa.
Valka no tardó en reconocerlos.
—Son sajuaguines. Los responsables de la desaparición de muchas especies. Los tritones entre ellos.
De repente, un grupo mucho más numeroso de lo que Trotix esperaba salió siguiendo a los primeros.
—Mmmm… creo que necesitaré tu ayuda —dijo Trotix.
Valka bufó.
—¿Pensabas que atacarían en grupos pequeños? Bendita juventud.
Los tres primeros, armados con tridentes y redes, se abalanzaron sobre Trotix, que no parecía amedrantarse.
—No te dejes nada. Demuestra tu valía. ¡Ataquemos primero! —exclamó Valka.
Trotix esquivó con agilidad los golpes más pesados mientras absorbía los golpes más débiles con su armadura.
Valka aceleró con la cola, embistiendo al grupo que venía detrás, aprovechando su experiencia… aunque la inactividad lo hacía más lento. Aun así, dejó a uno aturdido y casi cercenó el brazo de otro con un arañazo. Pero un enemigo consiguió herirle el muslo con un tridente.
Por si fuera poco, el último grupo de sajuaguines parecía tener dominado un kraken. El olor de la sangre parecía haber despertado sus instintos más primarios y se lanzó sobre los dos hombres-lagarto.
Valka se sobrepuso a la visión del kraken acercándose.
Trotix consiguió esquivar la primera arremetida del kraken y se coló entre los tentáculos hacia el sajuaguín del fondo, que parecía ser el jefe.
—¡Acabaré con ese! Creo que es el que domina a la criatura —exclamó.
—Entendido. Distraeré al kraken —respondió Valka.
Un grupo de sajuaguines se interpuso entre Trotix y su objetivo y este comenzó un encarnizado combate con ellos.
Valka nadó directo a los ojos del kraken y, con agilidad, consiguió cegarle uno con un impacto de sus garras. Pero el kraken respondió: un golpe brutal que lo estampó contra el fondo, hiriéndole el brazo.
El kraken, enfadado por el ataque de Valka, lanzó un poderoso ataque hacia este que lo estampó contra el fondo marino, causándole algunas heridas en el brazo.
Trotix realizó un ataque de torbellino y consiguió acabar fácilmente con los sajuaguines defensores.
Valka quedó parado entre una nube de arena.
El kraken se abalanzó sobre Valka con intención de inmovilizarlo con sus tentáculos.
Valka logró reincorporarse, pero era tarde: terminó rodeado, inmovilizado.
Trotix acabó lanzando un poderoso mordisco al último de los sajuaguines y en apenas unos segundos le arrancó la cabeza del cuerpo.
El kraken, al contrario de lo que pensaba Trotix, no cesó en su hostilidad.
Valka, atrapado, logró decir a medias:
—La boca… su punto déb…il.
El poderoso kraken comenzó a abrir su pico mientras acercaba a Valka hacia sí.
—¡No! —exclamó.
Trotix se giró y, de repente, se percató de la situación.
El kraken seguía acercando a Valka. Los tentáculos apretaban. Valka forcejeaba, sin éxito.
Entonces Trotix se lanzó.
Rápido como un obús, Trotix buceó hacia el kraken y consiguió interponerse entre el kraken y Valka.
El kraken, al morder la robusta armadura de manera inesperada, convulsionó de dolor y soltó a Valka.
Valka no desaprovechó la oportunidad: atacó el otro ojo, cegándolo por completo. El kraken retrocedió.
—¡Ahora! —gritó Trotix.
Trotix clavó sus garras en uno de los tentáculos del kraken, causándole grandes heridas y entumeciéndolo con su veneno.
Valka, aprovechando el golpe, clavó sus garras bajo el pico.
El kraken, con varios tentáculos ya inutilizados por el combate, quedó a merced de los dos lagartos, que estiraron cada uno en una dirección.
—¡Remátalo! —exclamó Trotix.
Trotix observó perplejo cómo Valka contraía su musculatura y, cogiendo los dos lados del pico del kraken, le abría la boca más de lo que su organismo podía aguantar, acabando con su vida.
—Uff… casi no lo cuento —dijo después.
Trotix observó, perplejo, la fuerza de Valka.
—Bueno… no sé si todos tenemos que pasar estas pruebas, pero… estuvo demasiado al límite —dijo Trotix.
—No, esto no forma parte de ninguna prueba. Nos quedaríamos sin guerreros —respondió Valka—. Entre dos nos ha costado. Uno solo…
Trotix señaló el brazo herido de Valka.
—Creo que lo mejor será que volvamos a Grimoszk. Tienen que curarte esa herida.
—Sí. Volvamos —asintió Valka.
Iniciaron el regreso, subiendo hacia la superficie.
—Me parece increíble que puedas aguantar los golpes con la poca protección que llevas. Eres duro —admitió Trotix.
—Los lagartos tenemos protecciones naturales: nuestras escamas —respondió Valka.
Siguieron nadando hasta las costas y, finalmente, hasta el muelle de Grimoszk.
—Por eso no usamos armadura. Buscamos más agilidad y libertad de movimiento.
—Bueno, cada uno tiene su estilo, y sin duda me has demostrado que sin armadura también se puede pelear —respondió Trotix.
Valka lo miró y concedió, al fin, un punto a favor de aquella terquedad metálica.
—Pero en momentos como el de hoy, se agradece esa armadura extra.
Trotix sonrió.
Valka le guiñó un ojo.
-
Trotix llegó refunfuñando al muelle, mirando al suelo mientras movía la cola de un lado a otro, volcando algunos cubos a su paso.
Valka, por su parte, se encontraba tranquilamente pescando con la cola, usando una merluza como cebo, ajeno al ruido y a la lluvia que caía de forma constante.
—Bueno, pues ya estoy aquí —dijo Trotix.
Valka se giró al escuchar el gran ruido de cacharros.
—Eres Valka, supongo —añadió Trotix.
El pescador lo observó con calma.
—Saludos, joven lagarto. ¿Qué te ocurre? —preguntó primero—. Así es… ¿y tú eres…?
Valka miró de arriba abajo al joven lagarto, evaluándolo sin disimulo.
—Soy Trotix, me enviaron a buscarte —respondió.
Valka se encogió de dolor durante un segundo antes de sonreír levemente.
—¡Encantado, Trotix! ¿Quién te manda a buscar a este humilde pescador? —preguntó—. Si es por madera, lo siento, dejé de talar hace años.
—No, no, no tiene que ver con la madera —dijo Trotix—. La cuestión es…
El joven lagarto suspiró pesadamente antes de continuar.
—El Consejo está empecinado en que tengo que mejorar mis habilidades acuáticas.
Mientras hablaba, Trotix sacó pecho, haciendo relucir su metálica armadura bajo la lluvia.
—No es algo en lo que esté interesado —continuó—. Me muevo bien en tierra, me gusta ir con mis pesadas protecciones, y quitármelas para tirarme al mar no es algo de mi agrado. No es que no sepa nadar, es solo que no me gusta desprenderme de mi indumentaria habitual.
Hizo una breve pausa antes de añadir, resignado:
—Pero… el Consejo manda.
Valka soltó una exclamación cargada de ironía.
—Curioso que el Consejo tenga que pedir a un lagarto tal… como decirlo… ¿misión? Y más cuando eres ¡¡LAGARTO!!
Suspiró con teatralidad mientras sus ojos se posaban en la armadura de Trotix.
—Veo que más que un lagarto eres como uno de esos paladines del bien.
La capa sangrienta que llevaba Valka derramó algunas gotas en el suelo del muelle mientras escupía a un lado.
—Un lagarto que no sabe nadar es como un bardo mudo, joven Trotix.
—Bueno, es que… para poder llegar… —empezó Trotix, visiblemente incómodo—. La cuestión es que quiero contentar al Consejo.
—No te queda otra —sentenció Valka antes de reírse.
Trotix, molesto, alzó la voz.
—¡Sé nadar! ¡No es que no sepa nadar!
—¿Entonces…? —preguntó Valka.
Sin esperar más, Trotix comenzó a quitarse su pesada armadura.
—Ey, ey, vas muy rápido, joven —le advirtió Valka.
Lo miró con seriedad unos segundos y, sin poder evitarlo, estalló en carcajadas.
Trotix terminó de quitarse todos sus impedimentos y se lanzó al mar, donde empezó a nadar torpemente.
—¿Ves? Sé nadar —dijo mientras usaba todas sus fuerzas para mantenerse a flote.
Valka lo observó con atención desde el muelle durante unos segundos.
—Ya veo… espera, no salgas. Toma, coge esto —dijo de pronto.
Sin previo aviso, Valka cogió la pesada armadura de Trotix y, con un solo brazo, se la lanzó. En cuanto Trotix la agarró, comenzó a hundirse sin remedio.
—¡Pero qué haces! —exclamó mientras tragaba agua—. ¡Glu, glu, glu!
Valka se encogió de dolor durante un segundo antes de responder con total calma.
—Nada. Enseñarte que nuestras habilidades acuáticas son incompatibles.
El joven lagarto siguió hundiéndose unos instantes más antes de que Valka continuara.
—Así, tu eficiencia y eficacia en el mar no es que sea menor… es inexistente.
Valka se agachó y ayudó a Trotix a salir del agua. Empapado y furioso, Trotix miró con odio a Valka mientras arrastraba la armadura hasta una escalera del muelle.
—Agua y armadura es como una gaita en manos de un orco —añadió Valka—. Inservible, de adorno.
Trotix respiró hondo antes de responder.
—Lo sé, pero no me gusta ir sin ella. Me siento desnudo.
Mientras salía del agua, Valka pudo ver que Trotix todavía llevaba pesadas piezas metálicas ocultas bajo el ropaje.
—Con esa armadura —dijo Valka—, por mucho que te proteja en tierra, no podrás usarla en el mar. O ibas desnudo o…
Trotix lo interrumpió con firmeza.
—El mar está lleno de krakens, tiburones y todo tipo de bestias. No pienso tirarme al mar sin protección.
—Serás un bonito tentempié y de fácil caza —respondió—. Con esa armadura, por mucho que te proteja en tierra, no podrás usarla en el mar. O ibas desnudo o…
—¿O qué? —preguntó Trotix.
Observó cómo Valka se quedaba pensativo, mirando fijamente al mar.
—¿O qué? ¿En qué estás pensando? —insistió.
Valka tardó unos segundos en responder.
—Bueno… existe una coraza que te permitiría poder usar tus habilidades acuáticas sin renunciar a tu amada armadura.
Trotix cambió el gesto de inmediato, pensando que Valka iba a soltar alguna impertinencia.
—Explícame eso —dijo.
—Es una coraza que solo los grandes luchadores lagartos se permiten llevarla —continuó Valka—. Kaluk, Szhulu o Droock son grandes guerreros de Grimoszk que se ganaron un renombre y se les permite usar esa coraza.
Se giró hacia Trotix con una mirada dura.
—Pero tú, joven lagarto, no tienes renombre. Solo un nombre.
—¿De qué coraza estás hablando? —preguntó Trotix.
Parecía más interesado que ofendido por las palabras de Valka.
—Sé que aún tengo mucho que demostrar, pero seré un gran guerrero —añadió.
—Y no sé si el Consejo te permitirá usarla… a no ser que, consiguiéndola, demuestres tu valía.
Es una coraza de tortuga, capaz de permitir a su portador usar cualquier armadura en el mar.La lluvia seguía cayendo mientras Valka continuaba.
—Para conseguirla tendrás que pasar un tiempo en la isla helada de Naggrung y hacerte aliado de un poblado tritón. Su rey te proporcionará dicha coraza.
Trotix frunció el ceño.
—¿Coraza de tortuga? Jamás escuché hablar de algo así.
Intentó leer el semblante de Valka, tratando de averiguar si le estaba tomando el pelo o intentando sacarle dinero.
Valka señaló con el brazo una isla remota que se divisaba a lo lejos.
—¿Naggrung? ¿Tritones? —preguntó Trotix.
Valka asintió con la cabeza.
—Pero… —empezó Trotix—.
¿Sin más? ¿Qué pretendes que haga? ¿Que vaya a esa isla helada del demonio y le diga al primer tritón que vea: “Eh tú, hazme una coraza con una tortuga”?Su gesto volvió a enfurecerse.
Valka estalló en carcajadas.
—¡JAJAJA!
Inténtalo, a ver qué pasa.Luego, con tono más serio, añadió:
—Tienes dos opciones: o te olvidas de tu armadura o consigues esa coraza.
—Ah… ¿pero estás hablando en serio? —preguntó Trotix.
—Tratar con los tritones ya es una gran muestra de valentía —respondió Valka—. No son fáciles de tratar.
No, no bromeo. Eso es lo que te puedo ofrecer.Valka guardó silencio unos segundos antes de sentenciar:
—La decisión es fácil: armadura pesada o armadura de cuero.
Trotix respiró hondo.
—De acuerdo —dijo.
Mientras recogía sus cosas, habló de nuevo.
—Mañana mismo cogeré un barco rumbo a la isla. Pero es muy grande… ¿alguna pista de dónde encontrar a esos tritones?
Valka alzó un dedo.
—Ah, sí. Se me olvidaba un pequeño detalle sin importancia.
Trotix se giró hacia él frunciendo el ceño.
—Para acceder a los tritones también deberás aprender su idioma —continuó Valka—. Eres joven, no tendrás problema en su aprendizaje.
¿Pista? Busca los Acantilados del Trueno.Trotix miró al cielo, incrédulo.
—¿Aprender su idioma?
Suspiró.
—Si ya me estoy volviendo loco con el dendrita…
—Pues cuando empieces con el élfico… —respondió Valka, mirándolo de reojo e intentando no reírse.
—¿Élfico? No me tomes el pelo —replicó Trotix—.
No seré muy listo, pero sé cuándo se están intentando reír de mí.Se adelantó hacia Valka hasta casi chocar con él.
Valka lo miró con una sonrisa torcida.
—Me encanta la sangre joven que no teme a nada.
Trotix contuvo su rabia antes de hablar.
—Bueno… gracias por la información.
—Prepara tu petate —dijo Valka—. Estarás mucho tiempo fuera de casa.
Yo te esperaré aquí, con mi pesca. Adiós, Trotix.Valka se dio la vuelta y se sentó en el muelle mientras preparaba el próximo cebo.
—Gracias —respondió Trotix.
Se despidió de Valka y comenzó a alejarse.
-
-
AutorRespuestas
- Debes estar registrado para responder a este debate.