BajoElVolcán
Briella, como cada día, salió a la entrada de la milicia de Ak’anon a practicar la magia. El poder de los hechizos que estaba estudiando era tal que no podían ejecutarse en un recinto cerrado. Un poco más adelante, entre las sombras que ofrecía una esquina, un jovenzuelo, de nombre Dronin, observaba como la bella gnoma creaba ilusiones con sólo pronunciar unas palabras y articular algún gesto. Dronin se miró el tatuaje que llevaba en el brazo. Él no era como los demás gnomos, no era lo suficientemente inteligente para hacer esas maravillas, pero no le importaba. Su única ambición […]